jueves, 24 de diciembre de 2009

Cultura del "Pelotazo"

Desde que tengo uso de razón empresarial, es decir desde que empecé a asumir puestos de cierta responsabilidad en las empresas, he sentido una particular aversión por las diferentes manifestaciones de la “cultura del pelotazo”.

En la década de los 90, pudimos asistir con asombro al florecimiento de ciertos personajes que nos dejaban a la altura del betún intelectual, ya que nos mostraban con una total falta de pudor sus logros y ganancias de astronómicas e incontables cantidades de dinero. Además, la clase política publicitaba con orgullo todos estos logros como demostración de lo que gracias a sus políticas expansionistas, la economía alcanzaba cotas de altísimo nivel.

Muchos de estos glamurosos protagonistas los hemos visto desfilar por los distintos juzgados y algunos de ellos han pasado largas jornadas de reflexión en la cárcel. Quizás sus formulas revolucionarias, no fueran tan legales como inicialmente parecían.

Lo que si es cierto, es que tales desmanes provocaron diversos agujeros que de alguna forma u otra, entre todos tuvimos que tapar, o mejor dicho, tuvimos que pagar.

A finales de los 90 y principios del nuevo milenio pudimos observar otro gran boom, el de las punto com. Estas empresas pasaron de ser unas absolutas desconocidas a las cotas más altas de las grandes bolsas mundiales. Todas se sustentaron en patrones hasta el momento desconocidos de crecimiento, pues su argumento más importante era el de la potencialidad de crecimiento, o quizás deberíamos decir en la especulación galopante. Muchos se hicieron de oro y otros, los más, perdieron mucho dinero en un intento fallido de hacerse de oro.

Al final tras el pinchazo de las punto com, decenas de miles de consultores y trabajadores del entorno de las TIC's quedaron en el paro y el sector tuvo que readaptarse a los nuevos tiempos. Unos pocos lograron su particular pelotazo, y los muchos tuvimos que volver a pagar las consecuencias de la codicia desmesurada de los empresarios iluminados.

Y de nuevo se repite la historia, nueva burbuja, nuevos oportunistas, pero las mismas viejas intenciones. El sector de la construcción se convierte en el caldo de cultivo idóneo para alimentar los instintos más bajos de los ávidos oportunistas. Quizás sería mejor definirlo como una nueva oportunidad para alimentar nuevamente el “pelotazo”. Y el final no se ha hacho esperar. El mismo resultado. O quizás no es el mismo resultado. Por cada pinchazo de cualquiera de las burbujas, las consecuencias son mucho peores que la anterior.

Estas últimas consecuencias ha venido acompañada de otras turbulencias en otros entornos económicos que la hace mucho más virulenta.

Esto ha hecho amplificar a un volumen insospechado las turbulencias de los mercados y nos ha situado en una posición de difícil salida.

Y estando inmersos en la más profunda de las crisis que ha conocido el mundo, es lamentable observar cómo la sociedad financiera sigue alentando las mismas artes que nos ha situado en esta lamentable situación. En las últimas semanas he asistido a tres conferencias diferentes con un denominador común: cómo hacer negocios en este nuevo entorno económico. Las recetas siguen siendo las mismas, “el pelotazo”.

Sigo sin entender cómo podemos seguir cayendo en los mismos errores. No podemos salir de una crisis aplicando las mismas premisas que las provocó, ya que de inmediato nos introducimos en otra de peores consecuencias.

A mi me cuesta entender todo esto, quizás sea porque me educaron en otra cultura distinta a la del pelotazo.

Me enseñaron a trabajar, a luchar, a ilusionarme con los proyectos y a perseguirlos de una forma ordenada. También aprendí que los negocios necesitan tiempo para consolidarse y que cuesta mucho ganar el dinero.

Los empresarios deben ser los responsables de la generación de riqueza social y no los que generan los mayores desaguisados económicos.

Estos gurus de la economía, deberían reflexionar sobre las recetas del dinero fácil que lo único que generan son actuaciones mezquinas contra la sociedad. No nos vendría mal que comenzaran a dar nociones sobre honestidad, humildad, trabajo, perseverancia, etc., valores que no están muy cotizados en los parkets mundiales, pero que son a mi entender los únicos que nos permitirán darle un giro a esta situación y a crear una sociedad más justa y equilibrada.

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