domingo, 26 de diciembre de 2010

Nuevos tiempos, nuevos retos, nuevas oportunidades


La supercompensación es un término usado en Preparación Física consistente en trabajar por encima del umbral de la estabilidad y del equilibrio físico para conseguir una mejoría en la condición física de los deportistas.

Si extrapolamos este concepto a la empresa, podríamos decir que si trabajamos siempre un poco por encima de nuestra situación de equilibrio, mejoraríamos bastante nuestra aptitud profesional. Así, casi sin darnos cuenta,  cada vez que nos esforcemos y sacrifiquemos por algún motivo, persona o causa, habremos alcanzado un estado superior del que procedíamos.

En todo momento, debemos ver nuestra vida como una escalera con pequeños peldaños que debemos ir superando, pero que tienen una anchura necesaria para que nos ayude a superarnos para alcanzar el próximo escalón.

En una planificación deportiva, se comienza con un estado físico y a través del trabajo y del esfuerzo se llega a una condición física mejorada y capacitada para alcanzar mayores metas.

Sugiero que este mismo trabajo lo hagamos en nuestro enfoque personal y profesional. El equilibrio no produce movimiento, por lo tanto tampoco produce mejoría. Hay que buscar siempre un estado que nos obligue a avanzar en nuestra vida, ya sea personalmente o profesionalmente. Para alcanzar esta “supercompensación total” solo cabe aplicar una sencilla receta compuesta de tres ingredientes básicos:

1.     Trabajar más. Si cada día cada uno de nosotros hace un poquito más de lo cotidiano, provocaremos un efecto multiplicador en nuestro entorno.
2.     Hacer bien las cosas. No basta con trabajar o trabajar más. El gran efecto lo provocaremos  si todo lo que hacemos está impregnado de calidad y excelencia.
3.     Ser buenas personas, poniendo en práctica nuestros mejores valores y propagándolos a todo nuestro alcance o zona de influencia. Debemos actuar con la convicción de que también se contagian las buenas cosas y la mejores prácticas.

No voy a incidir en el hecho de que corren malos momentos en la economía mundial y que esa situación nos afecta tanto profesionalmente como personalmente. Pero no vamos a hablar ya más de “La Crisis” pues ésta llegó, se asentó y creó un nuevo orden mundial. Lo que ha sido válido hasta hace unos meses, ya no lo es, y nunca más lo será. La única mención a crisis que haré será decir que estamos ante una crisis de “valores” que es infinitamente peor que una crisis económica.

Estamos en un nuevo momento donde las reglas de juego han cambiado y afortunadamente, ya nada será como antes.

Digo afortunadamente porque se abren ante nosotros una gran cantidad de oportunidades que no habrían aparecido en la situación anterior, pues todos estábamos muy ocupados en gastar y vivir por encima de nuestras posibilidades. Ahora estamos en un momento de invertir. Invertir en trabajo, invertir en los valores tradicionales como son: respeto, trabajo, esfuerzo, ayuda, entrega, alegría, amor……….

Solo los mejores sobrevivirán en este  nuevo hábitat.

Si nos centramos en el entorno profesional, las empresas deben ser el entorno natural donde podamos desarrollarnos como los profesionales que somos, sin poner ningún tipo de limitación.

Ahí, en las empresas, es donde desarrollamos nuestra carrera y donde empleamos un buen número de horas cada día. No desperdiciemos este tiempo ni esta ocasión para hacer bien las cosas.

Cada acción que acometamos la debemos hacer con la pasión que sentimos por las cosas bien hechas, con la certeza de que estamos ayudándonos a ser mejores personas y mejores profesionales, con la convicción de que estamos ayudando a otras personas y con la fe de que estamos creando un entrono mejor, que se propagará en el mercado y que nos hará sentirnos orgullosos y felices con lo que hacemos.

Si cada uno de nosotros se propone en hacer al menos una cosa bien al día, imaginate los millones de cosas bien hechas que sumaremos entre todos.

Llegó el tiempo de hacer las cosas de una forma diferente. ¿A qué esperas?